Cuanta tristeza encierran hoy mis ojos, cuanto vacío mis
manos, cuanto amor dormido mi corazón.
Cuanta soledad y frío siente mi alma.
Cuanta nada y cuanto todo.
Ha pasado el tiempo y nada ha cambiado.
Mis lágrimas son las
mismas, mis llantos, mis palabras, mis silencios.
Todo he querido transformar y
adaptar a tu medida, para que nada en este mundo te faltare.
He tratado de
esperarte, de seguirte, de alcanzarte. He tratado de inventar lo que no existe,
y de ponerle garras a eso que ya no tiene sentido.
He mentido a mi alma, me he
mentido yo. Y he conseguido casi sin querer lo que menos quería tener.
Me he
brindado de mil formas y colores. Mil palabras, caricias, compañías.
He sentido
que me pierdo, que me muero y aun así no he renunciado a quererte.
Pero es largo
el camino, y pocas son las cosas que me quedan por vivir.
Siento que el tiempo acaba, y con él la ansiedad de estar.
Las velas de mis tutores se apagan cada día, y cada día enciendo una para
iluminar tu camino.
No encuentro las escaleras que me alcen al cielo noche y
encontrarme, y que los truenos me acunen con su cantar, y el relámpago fugaz
delate mi escondite.
Todo lo di y lo sabes, todo te entregue. Y ahora que te
necesito ya no tengo nada.
Nada de lo que di y nada tengo de ti.
Espejos vacíos
golpean mi puerta, y reflejan un cuerpo que no es de mí.
Otro ser estarás
buscando, otro ser encontraras.
Los muertos que caminan dentro y fuera de mi
alma, y se apoderan del instante en que quiero despertar.
Y se quedan, y me
danzan, y me esperan, y me alientan, y me escuchan, me sostienen, me alimentan…
Todo lo esperaba, todo lo soñaba, todo lo sentía… pero todo
lo perdía y nada me quedaba.
Cuanta tristeza encierran mis ojos…
Cuántas cosas me
reclaman y mis tiempos solo para ti.


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